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El
consumo responsable
Las
manifestaciones de la crisis social y medioambiental en todo el
planeta son cada vez más visibles: todos los días
encontramos ejemplos a nuestro alrededor o en los medios de comunicación
del injusto reparto de la riqueza y el consiguiente aumento de la
pobreza o de los efectos que el actual desarrollo insostenible tiene
para la naturaleza. Serían innumerables los ejemplos, desde
los fenómenos migratorios, hasta la deforestación
o desertización, pasando por la explotación laboral
(sobre todo de mujeres y niños) o el efecto invernadero.
Vivimos
en una sociedad que favorece el consumismo, nos hemos convertido
en la generación de usar y tirar. La publicidad nos bombardea
con anuncios cuyo objetivo no es nuestro bienestar, sino hacernos
engranajes de un sistema que reduce a las personas al papel de meros
consumidores sumisos. Este modelo económico de producción
y consumo tiende cada vez más a su agotamiento.
Como
consumidores, último eslabón del sistema económico,
tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder,
aunque si bien es cierto que mucho menor en relación a la
primera. Con nuestra forma de consumir podemos influir en la marcha
de la economía y del mundo de una forma directa. Un consumo
consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias
para la naturaleza y las personas es una gran contribución
y un decisivo instrumento de presión frente al mercado.
El
concepto de Consumo Responsable es muy amplio, como lo es la propia
actividad de consumir. Podemos, sin embargo, sintetizarlo en tres
bloques:
1.
Un Consumo Ético, en el que se introduzcan valores como una
variante importante a la hora de consumir o de optar por un producto.
Hacemos especial énfasis en la austeridad como un valor en
relación con la reducción para un consumo ecológico,
pero también frente al crecimiento económico desenfrenado
y al consumismo como forma de alcanzar el bienestar y la felicidad.
2.
Un Consumo Ecológico, que incluye, por este orden, las famosas
tres "erres" del movimiento ecologista: Reducir, Reutilizar
y Reciclar, pero en el que también se incluyen elementos
tan imprescindibles como la agricultura y ganadería ecológicas,
la opción por la producción artesanal, etc.
3.
Un Consumo Social o Solidario, en el que entraría también
el Comercio Justo, es decir, el consumo que está atento a
las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha
elaborado un producto o servicio. Se trata de pagar lo justo por
el trabajo realizado, tanto a gentes de otros países como
a las más cercanas, en nuestro ámbito local; se trata
de eliminar la discriminación, ya sea a causa del color de
la piel o por diferente origen, o por razón de género
o religión.
Fuente:
www.consumoresponsable.com
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